La sirena de Tamiahua, leyenda veracruzana acerca de una joven y su transformación

28/08/2022 - 12:04 am

Las leyendas forman parte de la riqueza cultural mexicana y Veracruz cuenta con algunas muy conocidas, una de ellas es la de La sirena de Tamiahua, en la que una joven sufre un cambio tan importante que incluso espanta a los pescadores de su pueblo.

Ciudad de México, 28 de agosto (SinEmbargo).- Las leyendas llenan de emoción y de buenas historias las tardes o noches de pláticas con amigos o la familia. Veracruz es un sitio lleno de leyendas, una de ellas es la de La sirena de Tamiahua ¿La conoces? Ahora compartimos el relato de esta joven que se trasforma en algo que no hubiera imaginado.

La historia cuenta que antes existía un pueblo que entre Tampache y la hacienda de San Sebastián, dentro del municipio de Tamiahua, llamado Rancho Nuevo en el que vivía una viuda llamada Damacia y su bella hija de nombre Irene, una bella joven cita de larga cabellera negra.

Irene salió un jueves Santo a buscar leña por el paso de piedras, este era un acto prohibido en esos días santos, sin embargo ella ignoró tal costumbre. Cuando regresó a su casa, sucia por el trabajo de buscar la leña decidió que tomaría un baño, su mamá  le dijo que no era buena idea ya que se condenaría pues en los días santos estaba prohibido también agarrar agua y era aún más pecado el bañarse, pero la joven agarró un jabón, caminó rumbo al pozo para lavarse la cara. No pasó mucho tiempo hasta que su madre escuchó gritos, Irene gritaba pidiendo ayuda, pero rápidamente esos gritos se convirtieron en lamentos.

Se cuenta que del pozo se levantó una gigantesca ola mientras Irene se convertía en otro ser, su boca se transformó en una de pez, sus ojos crecieron y sus cabellos se tiñeron de rojo al igual que la piel, lo más impresionante es que sus piernas desaparecieron para dar paso a una cola de pez, que por supuesto tenía escamas. La ola se llevó a la joven del río al mar.

Los habitantes de la zona siguieron a la joven en sus lanchas cuando ya casi la alcanzaban apareció un barco de madera muy viejo, destrozado y muy feo. La joven saltó hacia él llevando en el rostro una sonrisa burlona y cantando “peten ak, peten ak”, que significa giren o circulen. Así, la señora se quedó sin su hija, pero cada jueves Santo visitaba la playa con la ilusión de ver a su Irene.

Los pescadores dicen que si se escuchan cantos fúnebres hay que alejarse del lugar ya que ese ser en el que la joven se transformó sólo lleva desgracias. La sirena se convierte en una rubia y hermosa mujer que atrae a los pescadores hasta voltear sus lanchas.

Redacción/SinEmbargo
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