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Pablo Ruíz Galindo Covarrubias

30/06/2014 - 12:00 am

Los Conflictos de Interés… ¡En los Políticos!

Servir al país debería ser un honor para los que ocupan un puesto de esa naturaleza. Representar a una ciudadanía que votó, directa o indirectamente por ti, trae aparejada una responsabilidad enorme: la de responder. Y aún sin haber sido votado, la responsabilidad de responder debe ser la misma. Responder con resultados, y si éstos […]

Servir al país debería ser un honor para los que ocupan un puesto de esa naturaleza. Representar a una ciudadanía que votó, directa o indirectamente por ti, trae aparejada una responsabilidad enorme: la de responder. Y aún sin haber sido votado, la responsabilidad de responder debe ser la misma. Responder con resultados, y si éstos no se logran, por lo menos con un trabajo digno, ético, profesional y responsable. Nadie obliga a los políticos a estar donde están, sino por el contrario, luchan para llegar. Hay luchas más sencillas que otras, pero todos están ahí por algún interés. Lo ideal sería que ese interés fuera el bienestar, desarrollo y crecimiento del país.

Nadie, ni siquiera los políticos, por más que sería lo mínimo esperado, están exentos de encontrarse en una situación de conflicto de intereses. Lo malo es que en el caso de los políticos, cuando se trata de un conflicto de interés de tipo profesional, por lo general existe un aprovechamiento del puesto público para generar beneficios personales. ¡Qué bueno sería que fuera al revés!

¿Por qué no esperar a hacer los negocios una vez dejado el puesto público? ¿Por qué no reconocer un conflicto de interés cuando lo existe? ¿Por qué no estar cien por ciento comprometido con el encargo y dedicarse únicamente a buscar lo mejor para el país? ¿Por qué no actuar a la altura de un servidor público? ¿Por qué la necesidad de ser tan oportunista? ¿Por qué quererle ver la cara a todo un país?

Secretarios de estado, legisladores y funcionarios de niveles altos y no tan altos, ven muchas veces la política como una plataforma para hacer dinero. Hacen negocios con información privilegiada y posiciones benéficas. Si eso no es conflicto de intereses, entonces estamos hundidos.

Hoy, por un error de primaria, como dijera un jefe que alguna vez tuve, es sabido que la diputada Purificación Carpinteyro, secretaria de las comisiones de Comunicaciones y de Radio y Televisión, en pleno auge de la discusión de las reformas secundarias de telecomunicaciones, discusión en la que tiene un papel de suma importancia, siente que ya se sacó la lotería con un negocio que se podría ver beneficiado por esas mismas reformas. La situación da mucho de qué hablar. Un espionaje telefónico. La víctima de dicho espionaje que debiera ser una experta en ese tema. La misma víctima que gracias a eso se convierte en victimaria de todos los mexicanos y del propio sistema. Una diputada con intenciones claras de aprovecharse de su posición. Nada bien. Todo mal.

Como Purificación Carpinteyro hay muchos. Unos más evidentes que otros, pero no por eso más culpables. Cada ejemplo requiere su estudio, pero en todo caso debe haber una separación, ya sea del cargo o de una discusión o votación específica, según sea el caso. Pero mientras los funcionarios no tengan esa sensibilidad ética de reconocer un conflicto de interés, el tema no se va a solucionar.

EL PRD, partido por el cual Carpinteyro es diputada, ya le pidió que se excusara de la discusión y votación de las reformas en Telecomunicaciones y Radio Difusión. Eso es lo mínimo que debía pasar. Igual podrá hacer su negocio, y seguramente participará indirectamente en la discusión aconsejando y convenciendo de la intención del voto, pero ese ya será otro tema. Lo que resulta increíble es que tengamos que llegar a estas consecuencias y perder a alguien que, buena o mala, sin duda es una experta en un tema que de por sí es de los temas más técnicos y complejos en la agenda legislativa. Y de los cuales pocos conocen y muchos opinan. Pero eso sí, ni a los más expertos y preparados se les debe permitir la falta de ética, de responsabilidad y la posibilidad darle la vuelta al sistema y vernos la cara a los mexicanos.

Pero me pregunto, ¿Y los demás? ¿Y los que tienen un claro conflicto en este y otros temas y ahí siguen? ¿Y los que van a dejar su puesto en un futuro y nos van a ver la cara a todos con sus negocios tan exitosos? ¿Y México dónde queda? ¿O será que el compromiso por México no existe en los políticos?

Pablo Ruíz Galindo Covarrubias
Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana. Abogado practicante y Escritor.
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