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Pablo Ruíz Galindo Covarrubias

21/04/2014 - 12:00 am

Visitando México

México es rico en tantas cosas, que no bastaría una vacación para explicarlo. Su gente, sus tradiciones, sus templos, sus monumentos, su historia, su cultura, sus paisajes, sus playas, su clima, su flora y fauna, sus secretos, su alegría, sus trajes típicos, sus lenguas, sus chistes, sus frases, sus leyendas, sus aguas, su orgullo, y […]

México es rico en tantas cosas, que no bastaría una vacación para explicarlo. Su gente, sus tradiciones, sus templos, sus monumentos, su historia, su cultura, sus paisajes, sus playas, su clima, su flora y fauna, sus secretos, su alegría, sus trajes típicos, sus lenguas, sus chistes, sus frases, sus leyendas, sus aguas, su orgullo, y más. México es México... único.

Durante los días santos pasados, tuve la oportunidad de ir a disfrutar las playas de la Riviera Nayarit. Digan lo que digan, no hay como las playas de México, y las de Nayarit pelean la delantera. Desde el mar hasta la carretera, pasando por la playa y por los pueblos, esos pueblos iluminados de su gente, de sus restaurantes, bares, hoteles y turistas. Esos pueblos que al caminar da orgullo decir que son de nuestro país y que sean nuestros paisanos los mejores anfitriones. Que no sorprenda que nuestras playas sigan siendo opciones tan atractivas para los turistas alrededor del mundo, son lugares acogedores.

Visitar San Pancho, Sayulita, Punta de Mita, La Cruz de Huanacaxtle y Nuevo Vallarta te vuelve adicto al clima costero mexicano, no solamente al sol y al calor, sino a la gente. Gente alegre visitando y atendiendo a los turistas, trabajan disfrutando, porque el sólo vivir ahí es disfrutar.

Una tarde en Sayulita es transportarte a un sitio en el que con chanclas la vida es más sabrosa. El surf en el mar, los toldos, el hombre de arena, los mojitos en el restaurante, los locales haciendo un espectáculo en la calle y los turistas disfrutando, turistas que son igualmente del norte, del sur, del centro o de otro país. Me preguntaba a veces, por qué seremos algunos tan necios prefiriendo la vida agitada de la Ciudad.

En San Pancho la vida es más tranquila, pero no por eso menos atractiva. Las tiendas, las calles con nombres de continentes, las reservas de tortugas y hasta su campo de Polo atrapan a cualquiera. Y cuando crees que has visto todo, encuentras una selva cruzando el pueblo a la orilla del mar que te permite tener contacto con la naturaleza en su hábitat más natural. Una auténtica empapada de placer. Tuve la suerte de ir a un cumpleaños en el pueblo, partir el pastel y comer pozole con todos los invitados. Felices, porque la vida ahí no tiene otra cara. Viven en el mar, no nos entienden a los que vivimos en ese lugar tan grande y complicado que se llama Ciudad de México o en cualquier otro lugar.

El domingo en la Cruz es día de mercado, un mercado en la marina. Puestos de mariscos, tamales, empanadas, tlayudas de Oaxaca, waffles, pulseras, sombreros, pareos, chanclas, aguas frescas, comida orgánica y una que otra cosa para los curiosos. Es día de fiesta, y van de todas las playas cercanas a vender sus productos. Lo que no se vende ese día, si Dios quiere se venderá el próximo domingo. Afortunados aquellos que pueden ir cada semana a pasear al mercado.

Es fácil reconocer al turista, más que por el físico o la forma de vestir, porque nunca logramos entrar en ese estado de paz o de tranquilidad en el que viven los locales. En esas playas y en sus pueblos no existen las prisas. El tiempo es sólo una excusa; el sol te permite hacer cosas, pero la noche muchas otras. Los días pasan y las cosas no cambian, la magia sigue. Sigue hasta que se termina, pero sólo para nosotros los turistas, porque para ellos se ha vuelto una forma de vida.

El camino de ida se disfruta más que el de regreso; es la emoción de lo desconocido. Las carreteras, los pueblos, los coches en sus distintas presentaciones y los paisajes vuelven el camino una aventura más. Por eso el viaje empieza desde ese momento.

México es eso: es su gente, es su paisaje y es su vida. Esa vida tan alegre. Afortunados los que hemos podido conocerlo y nos seguimos sorprendiendo, y más los que no lo han conocido y esperan ser sorprendidos. México es de los mexicanos y de todos los que lo visitan, aquellos que dejan huella y encuentran excusas para regresar.

Ahí en San Pancho me enteré de la noticia del escritor, del que sin su paso por este mundo nos sería imposible entender la literatura hispana del siglo XX. De ese artista que también escogió a México. Dichoso García Márquez que ha encontrado la paz y la vida eterna; agradecidos estamos los que tenemos la suerte de habernos quedado con copias de su obra.

Pablo Ruíz Galindo Covarrubias
Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana. Abogado practicante y Escritor.
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