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Sandra Lorenzano

15/08/2021 - 12:03 am

El pintor que con su pincel hablaba una lengua feliz

Me propusieron que eligiera entre varias obras que Miró había creado a partir de las palabras de sus amigos poetas: Lise Hirtz, Paul Éluard, Tristan Tzara, Jacques Dupin, Joan Brossa, Jacques Prévert.

Poème. Poema (III), 17 mayo 1968. Acrílico sobre tela. 205 x 174 cm. FJM 4708. Fundacióm Joan Miró, Barcelona. Imagen tomada del catálogo de la exposición “Miró Poema”, Fundación Mapfre.

Para papá, por el amor a las imágenes

Para Amalia Iglesias Serna, por la invitación

No hago ninguna distinción entre pintura y poesía,
Joan Miró

A veces la vida nos tiene reservados regalos maravillosos. Eso pensé hace pocos meses cuando un correo, en pleno confinamiento, me invitaba a respirar el más puro de los aires, el que nos dan el juego, la creatividad, la libertad. Se trataba de escribir un poema sobre una obra de Joan Miró. ¡Ni más ni menos!

La exposición de la cual el poema formaría parte -organizada por la Fundación Joan Miró y la Fundación Mapfre- quería destacar el vínculo del artista con la poesía. Me propusieron que eligiera entre varias obras que Miró había creado a partir de las palabras de sus amigos poetas: Lise Hirtz, Paul Éluard, Tristan Tzara, Jacques Dupin, Joan Brossa, Jacques Prévert.

Elegí el cuadro que ven al comienzo de estas líneas porque me llevaba a mi propia MA, a sus pájaros, a las tardes de verano, a los ríos de mi infancia. Ella, mi madre, había encontrado en el arte un camino de sanación (cada día acaricio alguna de sus esculturas de madera, sabiendo que ahí están las huellas amorosas de sus propias manos), quizás por eso nos enseñó a jugar con los colores, a sentirnos libres frente a la hoja en blanco y, por supuesto, a disfrutar de la obra de ese catalán que con su pincel hablaba una lengua feliz.

Así, cuando una nube negra se paseaba sobre el techo de mi casa (quien no haya sentido desasosiego o melancolía durante la pandemia, que tire la primera piedra), y me hacía recordar aquel poema de Borges que dice: “Mis padres me engendraron para el juego / arriesgado y hermoso de la vida, / para la tierra, el agua, el aire, el fuego./ Los defraudé. No fui feliz. Cumplida / no fue su joven voluntad…” (pero no se preocupen, los bajones me duran poco), la vida -invitación a escribir mediante- me volvió a reconectar a la poesía y a la alegría solar que puede surgir de un cuadro, de un paisaje, de un trazo luminoso.

Éstos son los versos que nacieron entonces:

MA

Una araña dulce tejía tu cielo

MA

compartíamos un sol como ovillo de azafrán

cuando los pájaros volvían al árbol

de tu casa

Allí fui también yo

la que nunca más he sido

la de las tardes plenas

y el silencio

La de la noche que llegaba

de a poco

sin prisas

porque la vida era canto de venas tibias

vientres amados

y poco más

Cada trazo era un verso

en un horizonte incandescente

Pero a veces

la sed no me dejaba oírte

MA

me alejaba de esa paz pequeña

y me vaciaba

Hoy murmuro las palabras

que eran puentes de sosiego:

sauce, río, liquidámbar

No hacía falta otra cosa

“¡Escucha!”, decías

“Ha vuelto el mirlo”.

Y la azalea aún era un balbuceo.

Hoy acompañan, junto con una grabación que adjunto, una exposición que busca mostrar la relación de Miró con la palabra poética.

¿Se puede traducir un texto literario al lenguaje plástico?, se preguntaba. Y en decenas de obras exploró los caminos que esa pregunta le abría. La selección hecha para la muestra “trata de desentrañar el papel de la escritura poética en su abordaje y práctica de la pintura, tanto conceptual como literalmente, desde los años 1920 hasta su obra tardía”, explica Carlos Martín, comisario de la exposición [1].

¿Cómo recuperar el placer del juego, del inconsciente, de la búsqueda incesante de nuevos rumbos creativos? ¿Cómo lograr sacudir, conmover, sorprender a través del propio lenguaje?

Imagen tomada del catálogo de la exposición “Miró Poema”, Fundación Mapfre.

“Insisto en que mis cuadros más profundamente conmovedores son aquellos simplemente dibujados, con algunos pequeños puntos de color o un arco iris. Estos nos conmueven en el sentido elevado de la palabra, como el llanto de un niño en su cuna”, le escribe Miró a Michel Leiris en 1924.

Conmoción “en el sentido elevado de la palabra”, eso es lo que me provoca su obra. Y eso es justo lo que hacía falta para que la nube negra dejara de pasearse por encima de mi techo. Y el pintor / poeta me contagiara la felicidad de la búsqueda permanente que es el verdadero sentido de estar vivo.

***

[1] Textos de sala de la exposición “Miró Poema”: https://www.fundacionmapfre.org/media/arte-cultura/exposiciones/textos-sala-miro-poema-es.pdf 

Sandra Lorenzano
Es “argen-mex” por destino y convicción (nació en Buenos Aires, pero vive en México desde 1976). Narradora, poeta y ensayista, ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Actualmente se desempeña como Directora de Cultura y Comunicación Social de la Coordinación para la Igualdad de Género (UNAM). Creó y condujo durante seis años el programa de radio “En busca del cuento perdido” (Horizonte/IMER), así como los programas de televisión "Las otras voces" (TV UNAM) y "Pasiones y obsesiones. Secretos del oficio de escribir" (Rompeviento TV). Ha publicado las novelas Saudades (FCE), Fuga en mi menor (Tusquets), La estirpe del silencio (Seix Barral), y El día que no fue (Alfaguara, 2019), así como los poemarios Vestigios (Pre-Textos) y Herencia (Vaso Roto, 2019), y varios libros de ensayo.
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